domingo, 2 de diciembre de 2007
que mis mejores amigas se enfadaban conmigo
Ayer me levanté con una mala ostia y una mezcla de rabia y tristeza en el cuerpo que no era ni normal. Os preguntareis por qué, ¿verdad?. Pues el problema es que mis mejores amigas se enfadaron conmigo y ¡ Todo por teléfono!. Digo yo que, si te vas a engorilar con alguien, mejor en persona que por un aparato, ¿no?
Yo estaba en casa viendo la tele con mi madre mientras mi padre cocinaba.Entonces sonó el teléfono y era mi amiga. Hablaba muy rápido y gritaba mucho, asi que no me enteraba de nada de lo que me estaba contando. ¿Y que hice? Pues ponerme a gritar también. Pensé que si ella me gritaba, pues yo también ¡ qué leches !. Cuando mi casa parecía una jaula de grillos, mi amiga, ya sin argumentos o sin voz, colgó el aparato y allí me dejó gritando sola como una loca. Después me llamo mi otra amiga y me dijo que no me entendía y que no iba a volver a ir a ningun sitio conmigo. ¡Lo que me faltaba! pensé.
Mis padres se fueron al Super y yo me quedé más sola que la una ¡Un sábado!. Y, no es por ser dramática, pero la depresión se estaba apoderando de mi. Hasta que sonó el timbre de la puerta y apareció ante mi el chico más guapo que había visto en toda mi vida. Me dijo que, arreglando la antena parabólica del edificio, se me iban a pasar todos los males. El chico subió al tejado, bajó con la antena en la mano y nos pusimos a hablar en el portal. Al de un rato entré en casa y me fui a la sala a ver Disney Channel (porque no os lo perdais, nadie podía ver la tele menos yo). Mis dos amigas me llamaron, una detrás de la otra, y me pidieron perdón. Mis padres volvieron del super y el chico guapo volvió a colocar la antena en su sitio, después de tener que aguantar las quejas de todos los vecinos, que se habían pasado toda la tarde sin poder ver la tele.
Así que ya sabéis: si os enfadais con algún colega, quitar la antena parabólica y vuestros problemas se arreglaran.
Yo estaba en casa viendo la tele con mi madre mientras mi padre cocinaba.Entonces sonó el teléfono y era mi amiga. Hablaba muy rápido y gritaba mucho, asi que no me enteraba de nada de lo que me estaba contando. ¿Y que hice? Pues ponerme a gritar también. Pensé que si ella me gritaba, pues yo también ¡ qué leches !. Cuando mi casa parecía una jaula de grillos, mi amiga, ya sin argumentos o sin voz, colgó el aparato y allí me dejó gritando sola como una loca. Después me llamo mi otra amiga y me dijo que no me entendía y que no iba a volver a ir a ningun sitio conmigo. ¡Lo que me faltaba! pensé.
Mis padres se fueron al Super y yo me quedé más sola que la una ¡Un sábado!. Y, no es por ser dramática, pero la depresión se estaba apoderando de mi. Hasta que sonó el timbre de la puerta y apareció ante mi el chico más guapo que había visto en toda mi vida. Me dijo que, arreglando la antena parabólica del edificio, se me iban a pasar todos los males. El chico subió al tejado, bajó con la antena en la mano y nos pusimos a hablar en el portal. Al de un rato entré en casa y me fui a la sala a ver Disney Channel (porque no os lo perdais, nadie podía ver la tele menos yo). Mis dos amigas me llamaron, una detrás de la otra, y me pidieron perdón. Mis padres volvieron del super y el chico guapo volvió a colocar la antena en su sitio, después de tener que aguantar las quejas de todos los vecinos, que se habían pasado toda la tarde sin poder ver la tele.
Así que ya sabéis: si os enfadais con algún colega, quitar la antena parabólica y vuestros problemas se arreglaran.
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